El clavicémbalo, también denominado «clave» o «clavecín», se fue desarrollando a lo largo del Renacimiento y tuvo su máximo esplendor en la época del Barroco. Ya en el Clasicismo, un nuevo instrumento (el fortepiano) irá desplazando progresivamente al clavicémbalo, aunque éste no acabará de desaperecer del todo, siendo posible emplearlo todavía como bajo continuo en las sinfonías de W.A. Mozart y J. Haydn, por poner dos ejemplos destacables. Incluso en s. XIX, Rossini lo seguirá empleando en los recitativos de sus óperas, pues él, sorprendentemente, era intérprete de este instrumento en pleno s. XIX!